Las
mentiras de “ser pilo paga”
TOMADO DE : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196982&titular=las-mentiras-de-%93ser-pilo-paga%94-
En el presente semestre escolar se ha
puesto en marcha por parte del gobierno central el programa “ser pilo paga”, el
que está siendo presentado tanto por voceros del régimen como por sus áulicos
de prensa como una “verdadera revolución educativa”, que va a transformar a
Colombia. Este tipo de anuncios demagógicos no es nuevo, porque eso mismo se
dijo cuándo se aprobó la Ley 100, que mercantilizó el sistema de salud o más
recientemente con “Agro ingreso seguro”, que cedió tierras de campesinos pobres
y desplazados a grandes empresarios y latifundistas. Es necesario analizar las
principales mentiras del programa “ser pilo paga”, para desentrañar su sentido
y sus objetivos, como parte integral del reforzamiento del neoliberalismo
educativo.
Primera
mentira: La “pilera” de los jóvenes se refleja en los resultados de las pruebas
del ICFES
En
Colombia se usa en forma coloquial la palabra “pilo” para designar a una
persona que es considerada como inteligente, juiciosa o que obtiene buenos
resultados escolares o descuella en una determinada actividad. Un estudiante
“pilo” sería aquel que obtiene buenas notas, lo que da a entender que es
sinónimo de inteligente, una falsa idea que se encuentra detrás de todas las
pruebas académicas de respuesta múltiple como las que presentan los estudiantes
de grado 11, cuando concluyen la educación media.
En
forma mecánica se supone que es más inteligente aquel estudiante que obtiene
mejores puntajes en dichas pruebas estandarizadas, de donde se concluye sin
mucho esfuerzo que los “ricos” son más inteligentes que los pobres, puesto que
siempre ocupan los primeros lugares en el ranking de estudiantes y los colegios
en donde estudian se llevan las palmas en el escalafón de prestigio que concede
“pilera”. Según esta falacia los ricos no obtienen los mejores puntajes por sus
ventajas y privilegios económicos y sociales, sino por su mérito personal y su
inteligencia superior. ¿Será que, por ejemplo, tal meritocracia explica que
individuos tan mediocres y tan poco inteligentes como los hijos de Álvaro
Uribe, Oscar Iván Zuluaga, César Gaviria o Luis Carlos Galán tengan el poder
que tienen?
Este
sofisma, hoy dominante, no resiste el menor análisis, puesto que no considera
la diferencia de clase y de ingreso que está en la base de la desigualdad
educativa, en donde se reproduce al pie de la letra la desigualdad de la
sociedad colombiana, que conduce a que exista educación para ricos, clase media
y pobres, y que nunca se encuentren en los espacios escolares, generando una
terrible ghettoizaciónescolar.
Ahora,
el gobierno de Juan Manuel Santos y su “brillante” ministra de Educación, Gina
Parody, creen que ese foso infranqueable entre la educación para ricos y para
pobres se va a solucionar escogiendo a los diez mil estudiantes que tengan un
puntaje en la prueba Saber 11 de 310 puntos y un sisben bajo, porque se
estableció que este es un puntaje que mide la “inteligencia” (pilera) de los
jóvenes colombianos pobres, que por meritocracia accederán a la “educación de
calidad”.
Segunda
mentira: No son becas sino créditos
Gina
Parody y sus tecnócratas, para justificar el programa, han anunciado que el
gobierno concederá diez mil becas cada año durante el próximo cuatrienio hasta
alcanzar la suma de cuarenta mil. Esto también es falso, porque una beca que de
verdad merezca tal nombre implica que se concedan las facilidades para
estudiar, como vivienda, transporte, alimentación, libros, fotocopias y desde
luego pago de la matrícula y de los estipendios exigidos por una universidad.
Si algo de esto falta no estamos hablando de becas. El asunto es peor cuando
claramente se estipula que es un préstamo condonable lo que concede el
gobierno, a condición de que el estudiante termine satisfactoriamente y en el
tiempo estipulado una carrera. Esto es un crédito y no puede llamarse beca, sin
abusar del lenguaje.
Al
respecto se argumenta que esos condicionamientos no representan ningún problema
porque simplemente los “pilos”, por sus méritos, van a terminar los estudios,
puesto que se les concede, aparte de que se les paga matricula en
“universidades de calidad”, una ayuda semestral de un salario mínimo si viven
en la misma ciudad donde estudian y un salario mínimo y medio si estudian en
otra ciudad distinta a su lugar de origen. En cualquier caso reciben la
fabulosa suma de 100 mil pesos mensuales y en el otro 160 mil, con lo que es
imposible que un alumno viva y estudie dignamente.
Si
a esto se le agrega que la deserción universitaria es del 50%, nada lleva a
suponer que el asunto va a ser diferente para los “pilos pobres”, porque ¿cómo
van a poder resistir la competencia desenfrenada del consumo mercantil en que
se han convertido las universidades, muchas de las cuales tienen cara de centro
comercial?
Con
esto, en poco tiempo existirá una masa de nuevos deudores “pilos” que no han
soportado el tren del negocio educativo y van a quedar sin estudio, sin
títulos, pero con una inmensa deuda con el sistema financiero que se ven
obligados a pagar, ellos o sus familiares.
Tercera
mentira: Los diez mil créditos contribuyen a solucionar el problema del acceso
educativo a la universidad por parte de los pobres.
Diez
mil créditos se presenta como una cifra elevada, pero no lo es si tenemos en
cuenta dos indicadores, que hablan por sí mismos: en el 2013 presentaron la
prueba Saber 11 unos 680 mil estudiantes en todo el país, lo que quiere decir
que los créditos cubren a tan sólo al 1.4% de los estudiantes que obtienen el
título de bachiller; para el 2014 el ICETEX anunció que iba a conceder 73 mil
créditos para matriculas de pregrado, lo que indica que “ser pilo paga”
solamente corresponde a una séptima parte de esa cantidad. De modo que no hay
nada nuevo bajo el sol, en términos de créditos, ni menos de cobertura, que
sigue llegando a una cifra ínfima de la población colombiana.
Cuarta
mentira: Con la llegada de los “pilos” la universidad privada se hace pública
Varios
comentaristas de prensa, entre ellos el neoliberal Salomón Kalmanovitz, han
dicho que un efecto notable del programa comentado radica en que va a
contribuir a hacer más pública a la universidad privada, porque a ella van a
llegar jóvenes procedentes de todas las clases, etnias y regiones del país. Tal
sofisma oculta que “ser pilo paga” es simplemente el remate de la arremetida
neoliberal en la educación, que conduce a su privatización y mercantilización y
a la transferencia del presupuesto que debería ser destinado a la Universidad
Pública y Estatal, vía bonos educativos, a las universidades privadas. No
sorprende que el programa haya sido diseñado en la Universidad de los Andes y
que a esta universidad hayan llegado 600 estudiantes. Si el Estado le
transfiere por cada uno de ellos una cifra semestral de 12 millones de pesos,
tenemos que, sin el menor esfuerzo y con escaza inversión, dicha universidad se
embolsilla 7.200 millones de pesos. Además, ese ingreso llega seguro, así el
estudiante deserte. No por azar, la mayor parte de los “pilos-con crédito” han
llegado a universidades privadas.
Acá
simplemente tenemos puesto en marcha el viejo proyecto educativo de Milton
Friedman de los bonos educativos, con el que se financia la demanda en desmedro
de la oferta, o, en otros términos, el Estado en lugar de financiar la
universidad pública le transfiere recursos a la universidad privada por medio
de los créditos educativos a unos pocos estudiantes pobres.
Tampoco
se debe olvidar que dado el clasismo que impera en las universidades más
elitistas, los jóvenes pobres que allí llegan van a ser perseguidos y
estigmatizados, como ya se empieza a ver en las Universidades de los Andes y de
la Sabana, donde se han empezado a hacer grafitis y “denunciar” la llegada de
“guisas” (empleadas del servicio doméstico) y “hampones” que van a contaminar
el ambiente social de quienes nunca se quieren mezclar con los pobres.
En
conclusión, “ser pilo paga” es un programa demagógico que no contribuye ni a
ampliar el acceso a la universidad, ni a mejorar la educación superior, sino
que constituye un proyecto que fortalece a la universidad privada y le da otro
golpe de gracia a la maltrecha universidad pública, como remate del
neoliberalismo educativo predominante en Colombia.
Rebelión
ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia
de Creative Commons, respetando su
libertad para publicarlo en otras fuentes.




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